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28 septiembre, 2011

¿Qué es el Lupus?

Eritema malar

Eritema malar, en forma de alas de mariposa.

Ok. Cuando empecé este blog, debí “empezar por el principio”. Nunca expliqué qué era el Lupus. Quizás no lo hice pensando en que lo leerían personas que me conocen o personas que lo padecen. Así y todo no consideré que incluso no he hecho el trabajo completo de explicar a las personas con las que paso mi día a día de qué se trata bien esto que me pasa.

Lo primero que siempre digo con mi actitud enciclopédica (wikipédica en estos tiempos) es: el Lupus Eritematoso Sistémico es una enfermedad autoinmune que puede atacar a cualquier parte de tu cuerpo. Y no, eso no dice mucho, en realidad es eso, pero no aclara nada.

La cosa sería así: yo tengo mi cuerpo y usted, persona sin Lupus, también. Su cuerpo tiene un sistema inmune impecable, que lo defiende de las amenazas externas. Si un bicho (virus, bacteria, hongo) quiere entrar a su cuerpo y enfermarlo, su sistema inmune da la cara por usted y suele salir victorioso. Ese es el funcionamiento normal.

Yo, persona con Lupus, no funciono así. Mi cuerpo tiene un sistema inmune que es un desastre y reconoce como amenazas a los diferentes tejidos de mi propio cuerpo. O sea, mi cuerpo se tiene mala y se hace daño, mucho daño. Así es como mis defensas en realidad no me defienden, me hacen puro mal y me atacan. Entonces me enfermo, porque mi cuerpo está dañado.

Lo que nos pasa es como si nos estuvieran apaleando todo el tiempo, por todos lados, desde dentro. Y cuando digo que es “por todos lados” es POR TODOS LADOS. Un sistema inmune descontrolado hace de las suyas inflamando todo que encuentra a su paso. Nuestra enfermedad es extraña y difícil de diagnosticar porque se presenta de forma diferente en todas las personas y con síntomas que pueden ser cualquier otra cosa.

A mí me jode el riñón mucho, pero no tengo dolores articulares, por ejemplo (los tuve en mis dos crisis, claro). Otras personas no tienen los riñones malos, pero sufren diariamente con la artritis (y pueden llegar a verse impedidos de trabajar o ir a estudiar). Y así hay otra serie de síntomas que les cuento a continuación:

  • Dolor e inflamación articular
  • Dolor muscular (así como cuando uno se va a resfriar)
  • Cansancio, falta de energía
  • Lesiones en la piel
  • Síndrome de Raynaud (los dedos se ponen morados de pronto)
  • Fiebre inexplicable, que va y vuelve con los días (y es lo peor de la vida)
  • Pérdida de cabello
  • Sensibilidad al sol (sentirse como un vampiro al borde la muerte al salir al sol)
  • Dolor en el costado al respirar (esto pasa si hay líquido en los pulmones)

Esas son las cosas que uno puede notar, que uno “siente”. Por dentro puedes tener afectados los riñones (que no te darás cuenta sin exámenes porque no duele), el corazón, los pulmones, el cerebro… como ven, básicamente todo. Y si tienes más o menos todo malo, te puedes morir (¡pero no nos queremos morir!).

¿Cómo hacemos para mantenernos? Para el Lupus suele darse un tratamiento inmunosupresor, es decir, que ponga a raya nuestras locas y subversivas defensas, debilitándolas. Esto es bueno, porque nos mejora del Lupus… esto es malo, porque nos deja a merced de las amenazas externas y podemos enfermar fácilmente de cualquier cosa. Las neumonías son uno de los riesgos más grandes que tenemos los lúpicos, por eso debemos cuidar cualquier pequeño resfrío, para no tentar al destino, para que no empeore. Por eso cuando me he resfriado, no me dan 3 días de licencia como a las personas normales, no, me dan como 2 semanas y debo estar guardada total. No son cosas que nosotros podamos descuidar, no es juego en ningún caso. Estamos propensos a infecciones varias y tenemos que tratar de que no nos haga daño ni la enfermedad ni la inmunosupresión.

¿Y por qué se llama Lupus Eritematoso Sistémico (LES)? Dice la leyenda que los primeros casos descritos de LES, en la época medieval (en serio) se le llamó Lupus a causa de las marcas en la piel, especialmente el llamado “eritema malar”, que es una marca rojiza que aparece en la cara y que tiene forma de alas de mariposa (por eso nuestro símbolo es una mariposa y nos tratamos de “maripositas”). Esta marca puede ser más o menos notoria y en algunos casos nunca aparece, pero en otros puede formar llagas incluso. Ah, era Lupus (por “lobo” en latín) porque las lesiones de la piel se asemejaban a las mordidas de un lobo (ahora no nos muerden los lobos pero quizás en ese tiempo sí y se veía feo).

Bueno, ya tenemos la explicación a Lupus y a Eritematoso. Y Sistémico es más fácil… es porque afecta a todo el cuerpo, a todo nuestro sistema.

Espero que si alguna vez me expliqué más o menos, ahora haya quedado más claro. Y que vean que por eso hasta doctor House piensa que “Lupus es un mal diagnóstico”… porque es bien bien jodido, pero se puede. Nunca lo olviden, ¡se puede!

Y si no me di a entender, siempre tendremos Wikipedia.

12 septiembre, 2011

30 cosas que probablemente no sabías sobre mi Enfermedad Invisible

Leyendo Lupus Interrupted, uno de mis blogs favoritos escritos por lúpicos, encontré un cuestionario muy interesante sobre las Enfermedades Crónicas Invisibles, relacionado con la Semana de la Enfermedad Invisible (del 12 al 18 de septiembre en Estados Unidos, acá no tenemos esas cosas). Muchas veces vamos por la vida declarando que tenemos Lupus u otra enfermedad y la gente nos mira y dice: “¿En serio? Pero ni se te nota”. Para mí si no fuera por la cara hinchada, me vería normal, y quienes no me conocían pre LES, no tienen punto de comparación.

Por eso muchas veces es difícil, como en el asiento del metro, porque la señora llena de bolsas no te creería ni en tres vidas más que estás mucho más cansada que ella, que te falta la energía. Porque eres joven y no pareces enfermo, pero lo estás, y mucho.

Entonces aparecía una lista de “30 cosas que probablemente no sepas sobre mi enfermedad invisible”, pero estaba en inglés, así que la traduje y me animé a contestarla. Ya saben bastante sobre mi historia, sin embargo, está interesante y aportará nuevos datos y reflexiones. Además si quieren la copian, contestan y la pueden compartir con sus cercanos, para que entiendan mejor cómo es vivir así.

 

1. La(s) enfermedad(es) con la(s) que vivo es(son): Lupus Eritematoso Sistémico (LES), con Nefropatía Lúpica tipo IV. 

2. Fui diagnosticada el año: 2010, aunque un año antes me habían diagnosticado Artritis Reumatoidea (AR).

3. Pero tenía síntomas desde: Fines de 2008.

4. El mayor ajuste que he tenido que hacer es: Ponerle un freno a mi autoexigencia y entender que no puedo hacerlo TODO.

5. La mayoría de la gente asume: Que como estuve tan mal y ahora me veo tan bien ya pasó todo foreva.

6. La parte más difícil de las mañanas es: El terror a poner los pies en el suelo y que me duelan (pero no me dueleeen :D ).

7. Mi programa de TV favorito sobre médicos es: House (¡Nunca es Lupus!).

8. Un gadget sin el cual no podría sobrevivir es: Pensé en mi teléfono pero me quedo con el compu porque aquí escribo.

9. La parte más difícil de las noches es: Dormirme, me cuesta montones.

10. Cada día tomo 16 pastillas y vitaminas.

11. Con respecto a los tratamientos alternativos: Con más tiempo y dinero, lo que fuera. He hecho reiki y empezaré una terapia sicológica grupal junto a la Agrupación Lupus Chile.

12. Si tuviera que elegir entre una enfermedad invisible o una visible, escogería: Invisible, porque igual puedes pasar piola y que no te vean como rarita de entrada.

13. Con respecto al trabajo y a la carrera: He tratado de mantenerla lo más normal posible, aunque ya no con la presión que me ponía antes. Me gusta trabajar pero no me quitaré juventud ni vida en eso.

14. La gente se sorprendería de saber: Todo lo que me aflige esto.

15. Lo más difícil de aceptar de mi nueva realidad ha sido: Algunos cambios de hábito pero sobre todo los cambios de mi cuerpo por los medicamentos. No es vanidad, les juro que no, es dignidad.

16. Algo que nunca pensé que podría hacer con mi enfermedad y que puedo hacer: Hacer mi vida casi normal.

17. Los comerciales sobre mi enfermedad: Ni siquiera existen en mi país.

18. Algo que realmente extraño hacer desde que me diagnosticaron es: Poder andar al sol sin sentir que soy un vampiro a punto de morir.

19. Fue realmente difícil abandonar: Mi manía por hacerlo todo, cumplir con todos, la idea de que la vida puede planearse.

20. Un nuevo pasatiempo que he adquirido desde que me diagnosticaron: Echarme a descansar y no hacer NADA.

21. Si pudiera tener un día de sentirme normal otra vez, yo: Iría a la playa, tomaría sol, me metería al agua y sonreiría CALETA.

22. Mi enfermedad me ha enseñado: A ser paciente, a darme cuenta de que soy mucho más valiente y valiosa que lo que pensaba, pero sobre todo, me ha dado ganas de vivir y de aprovechar día a día.

23. ¿Quieren saber un secreto? Una cosa que la gente me dice y me vuelve loca es: Afortunadamente nadie me hincha las pelotas, los amo. Desde que me enfermé mi vida se llenó de gente hermosa y comprensiva y eso que yo antes era un pequeño ogrito.

24. Pero me encanta cuando la gente: Me apoya, se preocupa, pregunta cómo estoy… me hace sentir mucho mejor y la verdadera preocupación se percibe :)

25. Mi frase favorita que me ayuda en los momentos difíciles es: Me gusta escuchar “Una canción me trajo hasta aquí” de Jorge Drexler y “Do your best and don´t worry” de Morrissey, las letras de ambas me sacan a flote.

26. Cuando a alguien le diagnostican una enfermedad crónica invisible me gustaría decirles: Aquí no se acaba la vida, sino que está recién comenzando, así que ¡buen viaje! (y me gustaría darles un abrazo).

27. Algo que me ha sorprendido acerca de vivir con una enfermedad es: La fragilidad de la vida, de la vida diaria, cómo TODO se puede desarmar de un momento a otro. Y vivir constantemente en esa fragilidad (todos vivimos así, pero no todos tienen algo que se los recuerda a cada rato).

28. Lo más lindo que ha hecho alguien para mí cuando no me he sentido bien es: Se me ocurren muchas, pero yo estoy mega agradecida de todos los que han dejado un pedazo de sus vidas por cuidarme (familia, amigos, ex parejas). Les trato de devolver con mis ganas de estar bien.

29. Me involucro con la semana de las Enfermedades Invisibles porque: Creo que es muy importante dar a conocer cómo nos sentimos y ayudar a hacer crecer redes de apoyo entre enfermos y también sus cercanos. Esta es una oportunidad más y desde que comparto lo que me pasa también me siento mejor.

30. El hecho de que hayas leído esta lista me hace sentir: Orgullosa de mi gente (ustedes son mi gente, ah ;) ).

4 septiembre, 2011

En House sí es Lupus (por segunda vez)

House

House, diagnostíqueme y dígame que no es Lupus <3

Este es tema viejo para los lúpicos, pero pasa muchas veces que cuando uno dice: “Tengo Lupus”, las personas se acuerdan de House, de mi adorado doctor House. Esto porque él siempre dice: “No es lupus, nunca es lupus”, cada vez que alguno de los miembros de su equipo lanza nuestra enfermedad como posible diagnóstico, que es como un fetiche de los guionistas. En inglés, que es como más nos gusta, dice: “It’s not Lupus, it’s never Lupus”.

Cuando salí del hospital la primera vez (cuando mi dedo me hizo ASÍ el ooso) una de las primeras tallas que hice fue: “It was Lupus” y recordé que en la serie una vez, solo una vez, había habido un caso de Lupus y que House casi lo había celebrado. Todos sabemos lo complejo que es el diagnóstico, ya que nuestra enfermedad trae síntomas que pueden pertenecer a casi cualquier otra y que en la clínica solo observando un conjunto de ellos se puede comenzar a pensar en un LES, por eso también sirve como comodín y para que en la serie casi bromeen con él.

Ahora a lo que iba, esta mañana me enteré leyendo “Lupus y amigos” que en la próxima temporada de House tendremos un nuevo caso de Lupus, esta vez, de un hombre, lo que ya sabemos, es aún más particular, más escaso y más raro que la enfermedad manifestándose en mujeres. El Lupus Research Institute (LRI) se mostró muy satisfecho por el tratamiento que se le daría en la serie al caso, ya que todo el proceso de diagnóstico y sintomatología era apegadísimo a la realidad (como es de costumbre en la serie).

Va a ser el primer capítulo de la octava temporada y le da importancia a considerar el Lupus como un diagnóstico más que válido para hombres que presenten algunos síntomas, como dolor articular y erupciones en la piel (según la nota del LRI el primer médico que ve al paciente le diagnostica gonorrea… mal pensadillo). En palabras de la gente del LRI: “A veces lo que se ve como Lupus, es Lupus”. Lo sabemos bien ustedes y yo, jajajaja. ¡Era Lupus!

Les dejo un video con un compacto de varias veces en que han querido que sea Lupus y no, no ha sido. Y al final, LA vez en que sí lo fue. ¡Saludos!


6 agosto, 2011

La historia de mi dedo (parte 6)

Disculpen la tardanza, había estado un poco (muy) desterrada de mi casa.

Familia en aislamiento.

Mi hermosa familia se hace fotografiar por mí desde la cama en los días del aislamiento: tía Eli, mamá, papá y tía Irene.

Ese fin de semana pasó triste y aburrido como varios otros que vendrían. Para adelantar me tomaron radiografías de tórax y en el pie otra vez. Además me hicieron el primer scanner en mi pie derecho para ver cuál era el avance de la infección. Me cambiaron el antibiótico a vancomicina pero después de unos días tuvieron que suspendérmelo porque tuve una reaccion alérgica que me dejó con animal print en el pecho y los brazos, no me acuerdo a cuál me lo cambiaron.

No tengo muchas ganas de hablar del sentido de soledad, de la tristeza que aparece en esos momentos. La incertidumbre era tan triste, me ponía a llorar y quería pelearme con todos. Además me aislaron porque mi recuento de leucocitos era bajísimo: estaba con neutropenia y en la noche me ponían una inyección en la guatita para propiciar su proliferación. La primera vez, que creo que fue la noche del sábado la enfermera se equivocó y llevó la ampolla directo del refri a la jeringa y cuando el líquido entró por mi abdomen ni les cuento el dolor. Después supimos que tendrían que haber dejado el medicamento afuera un rato para que estuviera a temperatura ambiente y así lo hicieron. Un dolor menos.

Los días de aislamiento fueron especialmente penosos para mí. Todos podían ir a verme, pero nadie podía tocarme. Bueno, no todos podían verme. Mi familia y mi mejor amigo, que inventamos que era mi pololo para que lo dejaran entrar. En realidad había sido mi pololo antes y nos moríamos de pena de haber terminado así, conversando en una sala de hospital, apartados. Qué habría querido más yo que alguien como él o como mis papás me pudieran tomar la mano, hacerme cariño en el pelo, pero no; tenían que sentarse más o menos lejos, ponerse mascarillas y así hablar. En la puerta de mi habitación pegaron un papel: AISLAMIENTO POR INMUNOSUPRESIÓN o algo así. Estaba oficialmente separada del mundo y ni siquiera podía mirar por la ventana.

Ese fin de semana fue la Pequeña Gigante y lo vi por la tele. Con mi amigo la vez anterior salimos a verla todos los días y ahora estábamos encerrados y nadie podía acercárseme. A todos los quería más que nunca, ahora que no podía abrazarme con nadie. Abajo mi dedo dolía, el pie se hinchaba, se enrojecía y un camino negro iba desde el dedo a mi tobillo. No sabía lo que tenía y era como morirse todos los días un poco más, era estar a punto de morirse porque si hubiera entrado una ráfaga de viento habría acabado con los pocos leucocitos que me iban quedando.

31 julio, 2011

La historia de mi dedo (parte 5)

El día que llegué al Jota

El día que llegué al Jota, haciendo estupideces.

No sé cuánto rato estuve en ese pasillo, después me llevaron a una sala en la Urgencia donde quizás hasta pasaría la noche, al lado de una señora a la que ponían plasma o algo similar. De pronto, empezó a ponerse colorada y a jadear… me imaginé que le estaba dando una reacción alérgica. Eso era. Me asusté y llamé a la gente pero estábamos algo alejadas de los pasillos y nadie venía. Yo no podía pararme y quería ayudarla. Al rato apareció alguien y la normalizaron no recuerdo cómo… no quería quedarme ahí y estar pasando sustos. Me acuerdo que hacía mucho calor también.

Cerca de las diez de la noche me pasaron a sala oficialmente, no me acuerdo en qué sección del San José estuve ni en qué piso, pero sé que la primera noche estuve en una pieza con dos mujeres más. Todo me parecía tan triste y con un cierto sabor a precariedad, no por parte de los funcionarios, sino por parte de las enfermas que estaban ahí, que estaban como en un estado de normalidad y resignación con respecto a su mala salud y yo no lo entendía bien. Me hacían preguntas sobre lo que me había pasado y yo explicaba solo lo que sabía: “Creo que me entró una infección al dedo y además tengo artritis, quieren ver qué es”. Esa era toda mi información y en realidad era la misma que tenían todos, al otro día se iniciaría la investigación.

Entonces comenzaron mis días doctor House. Exámenes, exámenes, exámenes, exámenes. Me sacaron sangre y se descubrió que mi sangre estaba hecha un desastre, un desastre apocalíptico. Anemia era lo menos; lo más grave era el bajísimo recuento de leucocitos que me estaba quedando. En breve podría haber muerto, porque defensas casi no tenía. Todos sufrimos y temimos. También me acuerdo que sufrí montones cada vez que me tomaban radiografías del pie. Yo estaba hinchada por la artritis y apenas podía moverme. Tener que ponerme sobre la mesa de rayos X y apoyar el pie era una tortura, solo superada por la tortura mayor de tener que poner el pie de costado, pegando el dedo malo a la mesa misma. Quería llorar todo el tiempo.

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