Post etiquetado ‘dedo’

12 noviembre, 2011

Los caminos de Google son misteriosos

Piñera y el lobo marino

Cuando Piñera se quiso hacer el lindo con un lobo marino y casi se lo comieron :D

Muchas personas llegan a este blog desde los buscadores, probablemente la mayoría desde Google. Y bien, tiene lógica que busquen palabras clave como “lupus” o sobre los tratamientos, sin embargo, a veces llegan buscando cosas que me provocan una buena cuota de curiosidad. Como ya casi me voy de vacaciones, les dejo este post recopilatorio de los términos de búsqueda más raros de Con o sin Lupus:

  1. Piñera yeta → jejeje, sí, es yeta.
  2. Tanto te importa perro culiao → Rosa Espinoza dejando su huella.
  3. dedo pulgar chupado → espero que quien buscó esto no se chupe los dedos del pie.
  4. como adelgazar teniendo nefritis lúpica → sinceramente antes de pensar en adelgazar, yo optaría por controlar la nefritis lúpica, ¿no?
  5. Horregio → una palabra bacán.
  6. pelos en la guata / los pelos de la barriga en mujer / vellos en la panza / pelos en la panza / pelos panza / porque salen vellos en la barriga sin estar embarazada ? → notamos una obsesión por los usuarios de Google por los pelos en la guata (que por si acaso lee algún galán, yo no tengo).
  7. esta vida → una búsqueda existencialista que difícilmente podré responder en este humilde blog.
  8. lupus camión cansada → mí no entender, ¿alguien con lupus empujó un camión y se cansó?
  9. Bazucas de aire → sin comentarios.
  10. la era del dedo → se viene la Era del Dedo, ¡Príncipe Presidente!
  11. farmacia daniela por la puta → ¿qué tienen en contra de la Farmacia Daniela?? Es bacán.
  12. si no como por mucho tiempo me debilito → ¿es necesario buscar esto en Google? ¿le parece raro a alguien??
  13. el dedo de un hombre muerto, el dedo de un hombre muerto… el dedo, el dedo, dedito → sin comentarios también.
  14. como dejar de hacer lo que no quiero hacer → ¡pues no haciéndolo!
  15. diferente formas de escribir sancy → Sancy se escribe “Sancy” y punto. Y se dice /sancí/ con acento en la “y” y no en la “a”. He dicho.
  16. chiste coco legrand que se sienta y se acuerda de las cosas → jajajajaja, eso nomás.
18 septiembre, 2011

Verso por enfermedad

Yo y mi guitarrón chileno

Ahí estoy cantando con mi bello guitarrón chileno, a fines de 2009.

¡Feliz 18 a todos los que pasan por aquí!

He visto que este año anda todo el mundo intentando payas en Twitter y Facebook (con desiguales resultados, debo decir). Yo antes de enfermarme le pegaba bastante a eso y hasta alcancé a tener una que otra presentación donde improvisaba y cantaba las décimas que escribía (a lo Violeta, jajajaja). Después vino Lupus, el cambio de vida y lo tuve que ir dejando.

Les quiero dejar de regalo unos versos en décimas que escribí cuando estaba hospitalizada. Fue todo un esfuerzo porque con la artritis y las vías apenas sí podía tomar el lápiz, pero lo terminé y luego repartí entre mis visitas y la linda gente del Hospital Clínico Universidad de Chile (aún lo tienen en los diarios murales de mis secciones y se me recuerda como “la lúpica que escribe”). Ahí cuento un poco la historia de lo que me pasó, en rimas. Espero que les guste y ¡que pasen lindas fiestas!

Verso por enfermedad

Me vine pal hospital
para sanar mis dolores
con la ayuda de doctores
no terminaré mortal.

Andaba de expedición
harto lejos de mi casa
cuando un ardor me abrasa
en un dedo con fruición
le di fin a mi excursión
ante un dolor tan total
porque era tan monumental
y no poco preocupante
por eso es que en un instante
me vine pal  hospital.

Como no era baladí
me internaron en la urgencia
con premura y diligencia
me metieron bisturí
pero el dedo carmesí
cambió todos sus colores
comenzó a expeler humores
yo me iba debilitando
mas ya me estaban tratando
para sanar mis dolores.

Diversos especialistas
vinieron a auscultarme
y luego de examinarme
con tomas de muestras listas
juntaron todas las pistas
respondiendo a mis clamores
y calmando mis temores
se diagnosticó un lupus
y se descartó un ductus
con la ayuda de doctores.

Recibí medicamentos
curaciones en mi dedo
y de a poco así ya puedo
olvidar mis sufrimientos
y aunque son procesos lentos
no me he sentido fatal
porque los de delantal
se han preocupado por mí
y estoy segura que así
no terminaré mortal.

Despedida

En estos días modernos
nadie se quiere enfermar
queremos aparentar
que somos frescos y eternos
por eso entre mis cuadernos
anoto para la historia
que sin pena no hay gloria
y que hay que ir adelante
con alma y buen talante
para obtener la victoria.

28 agosto, 2011

La historia de mi dedo (parte 9 y final)

Dedín y yo tomando sol por un instante.

Príncipe y yo tomando sol por un instante, la foto la tomó Dani Pérez <3 (disculpen la palidez pero es lo que hay cuando los rayos UV están prohibidos, uds. me entienden seguro).

La semana posterior al terremoto seguimos pegados a la tele y a las réplicas. De a poco nos fuimos acostumbrando y el susto fue pasando. Hasta el día de hoy, nunca más arranqué de un temblor ni me volví a asustar. Después de la operación, mi objetivo consistía en recuperarme y lo más importante: volver a caminar. Seguía todos los ejercicios de las sesiones de kinesiología para ganar algo de la musculatura perdida y esperaba con ansias el día. De a poco empecé a pararme y hacíamos unas cuatro o cinco seudo sentadillas que me dejaban muerta de cansancio, pero no quería desanimarme, lo que más quería en la vida era volver a caminar.

Entonces vino ese día tan feliz, pero lamentablemente no recuerdo bien la fecha. Mi dedo estaba sanando bien y la señora Mary seguía con sus curaciones impecables, así, un día la kinesióloga me dio autorización para intentar mis primeros pasos. Fueron desparramados y enclenques pero fueron una de las mejores sensaciones de la vida. Yo me juraba lo máximo, y sí, era lo máximo en ese momento. Quería lucirme y mostrarle a todos mi nuevo gran logro. Y también quería celebrarlo, así que pedí como algo secreto y especial (sí, nunca se enteraron en el hospital porque nos encerramos, ups) completos del Dominó para todos.

Esa tarde estuvieron mis tías, mis papás y el Rodrigo. En una escena tipo Teletón, cuando él llegó yo me paré de la cama, di unos pasos torpes hacia él y cuando llegué a su lado nos dimos un abrazo. Tan mal lo habíamos pasado y ahora ya estaba en pie. Era a la vez tener un pie dentro y el otro al fin afuera del hospital. Lo habíamos conversado varias veces, mis papás creían que pasaba algo entre nosotros y nos dejaban en la pieza solos, pero en realidad solamente conversábamos y yo en esos momentos me atrevía a decirle a alguien cómo me sentía en realidad, tanto en los días en que me desesperanzaba como en los que estaba optimista.

Después era más bacán porque llegaba a verme y era como que me pasaba a buscar para salir, porque me tomaba del brazo y nos íbamos a dar unas vueltas caminando lentito por los pasillos del hospital, entonces yo lo esperaba contenta y me sentía casi como si estuviera afuera. Para su cumpleaños le pregunté qué quería y me dijo: “Que salgas de ahí”. Y una vez me preguntó: “¿Cuándo nos vamos a ir de aquí?” Se había pasado el verano encerrado en un hospital y a mí todavía no me alcanza el corazón para agradecerle. Y también sufría, me lo dijo el último domingo que estuve ahí, mientras estábamos sentados en la sala de espera de la sección, mientras hacíamos una especie de recuento, porque intuíamos que quedaba poco. Me dijo que no me iba a ir a ver más y que yo le avisara cuando estuviera en la casa, que eso era lo que esperaba. Así lo hicimos, pues salí al otro jueves.

Tras la completada clandestina y esos últimos paseos entretenidos por el hospital, quedaban en realidad los últimos días. También un día sábado salimos con la Eli y el Felipe en la silla de ruedas para ir a conocer el Necrocomio. Yo, de pegada y de loca, quería conocer dónde ponían a los muertos, porque me habían dicho que era como tétrico y que llevaban los cuerpos a través de un túnel largo y estrecho que estaba en el subterráneo del hospital. Me llevaron, hicimos un video tipo Blair Witch Project en que corríamos por el túnel (bueno, yo no corría, a mí la Eli me empujaba corriendo en la silla de ruedas), gritábamos, aleteábamos y actuábamos. Después me fui a sacar fotos a la entrada del Necrocomio en la superficie. Fue mi turismo máximo, estaba feliz.

Por esos últimos días a mi primo chico, el Alexis, lo operaron ahí mismo de apendicitis. Ahí también me entretuve visitándolo, ya que estaba en el quinto piso y justo arriba de mi sección. Y yo estaba tan flaca y venida a menos que pensaban que me había escapado de mi propia cama del sector de Pediatría y las enfermeras me preguntaban con desconfianza de dónde venía y no le creían a la Fanny (mi tía, mamá del Alexis) que yo tenía 23 y que efectivamente era una internada de Nefro. Chistoso. Pero ese día fue más chistoso cuando quise llevar a mi mamá a ver a mi primo y nos quedamos encerradas en el ascensor por espacio de media hora, aaah, qué hermosos recuerdos. Quería contar esa historia aquí, pero es tan graciosa y pulenta en sí misma que la dejaré para después en solitario y no cortar ningún detalle (no, mamá, no te salvarás de la exposición pública).

El martes 9 de marzo tuve una pataleta. Me la pasaba entre el bien y el mal, entre el fatalismo y la buena onda, pero sobre todo ya estaba aburrida y me sentía bien, no quería seguir ahí. Clínicamente estaba mucho mejor y no podía quedarme solo para recibir las curaciones en el dedo, que además iban espaciándose. Llegó una de las doctoras que me había atendido todo ese tiempo, la doctora González, y la pobre tuvo que aguantar todo mi lloriqueo en que yo le explicaba que no pensaba pasar un fin de semana más, porque me moría de aburrimiento y porque me sentía morir, me angustiaba. Le pedí por favor que me dejara salir antes del viernes. Me lo prometió, me prometió que haríamos unos exámenes y que ella me garantizaba que no pasaría otro sábado en el hospital. Yo prometí no hacer más pataletas y no llorar más. Cerramos el trato con un apretón de manos. Cumplimos las dos.

La noche del 10 al 11 de marzo casi no dormí. Por ansiedad y porque estuvieron por horas de horas pasándome una dosis gigante de inmunoglobulina para que al salir no me agarrara una corriente de aire y muriera, aparte que aún estaba en la desnutrición por proteínas y era muy débil. No importaba la incomodidad, la falta de sueño, porque me iba a ir de ahí. Desperté y con la Ire empezamos a alistarnos. Me duché y me saqué el pijama… el problema fue ponerme ropa porque me quedaba todo nadando. Al final me puse unos bermudas que antes eran apretaditos y alguna polera, no me acuerdo bien, pero con mi ropa habitual me di cuenta de que era un literal atado de huesos. Triste, pero iba a solucionarlo, tenía que recuperar y superar mi peso (ahora peso 10 kilos más que ese día, gracias salud).

Estaba ordenado, todo listo, llamamos a mi papá para que llegara con el auto y empezar la mudanza. Yo salía a caminar por el pasillo a mirar todo por última vez, pero muy tranquila. Entonces la Ire se echó en la cama ya sin sábanas a descansar un poco, yo me tiré al lado de ella mientras mirábamos en la tele la previa del cambio de mando (oh, Piñera, haz una cosa buena y mete el Lupus al AUGE), pero entonces, ¡paf! Vino esa réplica gigante (que en realidad aplicaba como terremoto n°2) y yo tuve el impulso de pararme y salir a sapear cómo se movía el hospital. La noche del terremoto era tarde y previa al fin de semana, ahora estaba lleno de gente y todo activo. Me acuerdo de una secretaria que se aferraba a la pared y le pedía a dios que parara el temblor pero no le hicieron mucho caso. Mi papá iba llegando y le avisaron que ocupara las escaleras porque había temblado fuertísimo. Era cierto.

Así pasamos ese temblor, el otro fuerte y los demás chicos que hubo ese día. Pensábamos que era señal divina para que el Piñera no asumiera, claro, y yo estaba expectante a que llegaran mis papeles del alta. Me llevaron almuerzo y nada todavía. Me lo comí todo pero quería puro irme, no me importaba nada. Había mote con huesillos de postre y me dio rabia porque justo el último día habían eliminado esas jaleas pencas, pero bueno… ahora cualquier arroz con ratón me parece mejor que las comidas hospitalarias, ni siquiera por sabor, sino por el contexto, por la libertad.

Como a las cuatro de la tarde llegó mi salvoconducto y estuve lista para irme. Se llevaron todo al auto, desarmaron mi pieza y me subieron a una silla de ruedas para seguir el protocolo. Don José me llevó lento por el pasillo y salieron a despedirme todos los funcionarios. Yo estaba tan contenta de irme y muy agradecida de todos ellos, los quería mucho y por supuesto todavía les guardo mucho cariño, porque me hicieron toda esa estadía mucho más fácil. Les dejé aparte de mis versos (que contaban mi historia y que el otro día me los recordaron cuando fui a control) un par de regalitos que habían sido parte de la decoración de mi pieza. Antes nos habíamos abrazado con la señora Mary en mi pieza, cuando me fue a dejar mis papeles de alta, que firmé más feliz que perro con múltiples colas. Me deseó puras cosas buenas y así me fui con el mejor recuerdo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, lugar donde aprendí tanto, me devolvieron la vida, las ganas y también salvaron mi dedito.

Llegué a mi casa y empecé a rearmar mi vida, a empezar a vivir con Lupus, a aprender más cada día, en un proceso que sigue hasta hoy y que no tengo ni idea de adónde me llevará. De ahí tuve que ir un par de veces más a curaciones al policlínico de Traumatología en el mismo hospital y no lo pasé tan bien, echaba de menos con el alma a la señora Mary, especialmente el día en que me sacaron los puntos, cerca de un mes después de la operación. Entonces, les explico rapidito porque me duele hasta lo más profundo de mi alma acordarme, me pegaron unos tirones tortuosos que me rasparon todo el huesito y me sacaron unos chillidos que hicieron que mi tía Irene entrara a la sala de procedimientos pidiendo que me soltaran y dejaran tranquila. Yo nunca había gritado por mi dedo hasta ese momento. Por suerte fue uno de los últimos episodios en que sufrí por él, pero era como que me quitaran hilo curado (estaba seco ya) justo rozándome el hueso… era como una lija, en fin… lo dejo así.

Me habían dicho que en mayo mi dedo estaría ok, pero a mediados de abril ya estaba lista. Mi dedito estaba cerrado y hermoso, hermoso como sigue hasta hoy. El otro día me lo revisaron y me lo encontraron regio, pero supongo que yo soy la única enamorada de él. Mi niño símbolo, mi recordatorio constante de la fragilidad de la vida, de la incertidumbre, la alerta para no perder el tiempo, para no amargarme por cosas que no valen la pena. Me está costando a veces, porque no siempre es facilito vivir así, pero de verdad les juro que lo intento. Hoy no ando tan de buenas pero como siempre trato de echarle pa delante. Entonces a veces lo tomo y lo beso (ehm, soy hiperlaxa) porque es mi lección máxima de mil cosas. Y esa es la historia de mi dedo, que por suerte sigue, aunque con un pedacito menos, sigue pegadito a mí.

FIN

22 agosto, 2011

La historia de mi dedo (parte 8) – ¡Terremoto!

Post terremoto

De regreso en mi pieza tras la evacuación, me identificaron y me pusieron "Tamara Sancyn", pa variars mi apellido degenerando en lo que sea.

Estuve en la sala de post operatorio hasta que pude mover las dos piernas otra vez. Algo ya podía moverlas porque me tenían con kinesiología para que no se me acortaran los tendones por la inactividad, a pesar de que no pudiera caminar. Tenían el Festival de Viña puesto en una tele y los funcionarios se reían de los chistes del Coco Legrand, mientras unas cuantas personas salían de su anestesia escuchando carcajadas y el sonido confuso de la tele. Me subieron a mi habitación y ahí estaban mis papás y mis dos tías. Llegué como una estrella de rock aunque muy perna, alzando los brazos para saludar a mi público haciendo el signo de la paz. Sí, estaba drogada, y mi familia se aprovechó de eso. Pero también estaba feliz porque todo había salido bien, así que estuvieron felices ellos también.

No me acuerdo de ningún chiste del Coco Legrand, pero me reí de todos. Mi tía me sacó fotos y yo posaba muy ridícula y muerta de la risa, sentía que las cosas de verdad iban a mejorar desde ese momento. Esto es vergonzoso e íntimo, pero todos se rieron cuando según yo iba a ponerme sola calzones y entre que tenía las piernas medio dormidas y mi torpeza generalizada, metí las dos piernas a un puro hoyito del calzón porque se me escapó el otro. Estaba de muy buen humor, todos podían reírse de mí esa noche. Más tarde me dijeron que tenía que hacer pipí pronto para botar la anestesia o si no me tendrían que poner “la sonda Foley” y así que yo no juego, mis queridos lectores. Me puse a tomar agua vueloc (vuelta loca) y a los quince minutos estaba orinando.

A mitad de la noche terminó la anestesia y desperté vociferando del dolor. Debajo de un vendaje espectacular, sentía un dedo pelado que volvía a latir, esta vez, vivo. Ese dolor no importaba mucho, era para mí como una señal de recuperación, íbamos a avanzar desde ese momento. Al otro día llegó el doctor Pablito Silva y supimos que ya estaba libre de todo mal, que me habían quitado un poco de hueso y de articulación pero que mi pequeño dedín estaba limpio. Me explicaron eso sí que las osteomielitis tenían un largo tratamiento y curación y me decían que más o menos en mayo podría ver mi dedo normal. No me parecía tanto tiempo después de todo lo que había sufrido por su causa. Si la fiebre se iba, yo me aguantaba todo lo demás.

27 julio, 2011

La historia de mi dedo (parte 4)

Dolor en el pie

Mucho dolor en el pobre pie

Era el lunes 25 de enero, primer día de curación. El fin de semana había estado con los antibióticos y a ratos la fiebre parecía ceder, pero el dedo no dejaba de doler y la piel la sentía tirante debajo de las vendas, el dedo parecía apretujarse ahí dentro. Me llevaron al Megasalud de Dorsal con Vivaceta, para no tener que ir tan lejos y porque debía ser una “curación simple”; solo debían limpiar con suero fisiológico y cambiar la gasa. No había forma de que lo arruinaran… ¿o sí?

Desde que estábamos en la sala de espera supimos que ni siquiera las recepcionistas estaban enteradas de que ellos sí realizaban el procedimiento, y después, una enfermera, o auxiliar de enfermería, confundida, me llevó a una sala para curarme. Me sacaron las vendas, las gasas y salió un dedo feo. En realidad era un algo redondeado y rojo con un espacio más rojo donde alguna vez estuvo la uña. Dolía aún, ardía aún. Hicieron la curación de forma torpe, la mujer estaba un poco asustada. Cobraron “curación simple” y me fui para la casa otra vez, con mi dedo a medias y la fiebre.

Nada, pero nada mejoró. Lunes, martes, fiebre todo el tiempo, dolor articular, los músculos. Era una inválida, me sentía tan débil. Y el dedo no dejaba de doler… se suponía que con los antibióticos y el drenaje ya debería haber estado saliendo de la infección, pero no. Miércoles por la mañana, descubrí y descubrimos en familia, que en el empeine del pie derecho, casi al llegar al tobillo, tenía una mancha morada-negruzca. Partimos al hospital, ahora yo con muchas menos esperanzas.

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