Archivos para ‘Relatos de lupus’

8 mayo, 2012

Un dato útil: el amor sana el Lupus

Foto oficial mes del Lupus

Esta es mi foto oficial del mes del Lupus, vestida de morado y loquilla.

(Este es uno de aquellos posts emo, espero no pillarlos muy sensibles).

Quedan dos días para nuestro día. También hubo un día, diferente a todos los demás, en que nos dijeron: “Tienes Lupus”. Así es como muchos estamos esperando para que llegue este jueves y hacer algo por nosotros mismos, porque algo cambió en nosotros y queremos que el resto lo sepa. Mayo es el mes para crear conciencia sobre el Lupus, para dar a conocer de qué se trata la enfermedad, pero también puede ser un buen momento para reflexionar, a solas, sobre ella. Les quiero compartir un poco de lo que he estado pensando.

Lo primero es que me veo inmersa en días buenos, muy buenos, buenos como hace tiempo no eran. Me siento bien, sana, saludable, con energía, con ganas, orgullosa de lo que he logrado hacer con mi cuerpo que en algún momento no me hacía caso para nada. Puedo estar frente al espejo y ya no ver ese cuerpo lúpico rebelde que tanto me hizo sufrir. Ahora sí siento que estamos en sintonía, que vamos en la misma dirección, que de verdad nos estamos comprendiendo y que nos recuperamos, juntos, no en una lucha.

En segundo lugar, he sentido una cantidad y profundidad de cariño de parte de todos ustedes, que me tiene algo abrumada. El mes pasado estuve exponiendo en Viralizando y fue una experiencia emocionante. Hablar ante profesionales de la salud sobre lo que los pacientes vivimos, sobre lo que compartimos y lo que sentimos al interactuar, aunque sea a través de las redes sociales, fue demasiado valioso. No solo para mí, que ya lo sabía, sino también para ellos, que pudieron escucharnos. Digo “escucharnos” porque estuve ahí por cada uno de los que hemos participado aquí: escribiendo, comentando, compartiendo o simplemente leyendo.

Luego de eso las cosas solo mejoraron. La semana pasada apareció publicada en la Revista M de LUN (un diario de circulación nacional, muy leído en Chile) una entrevista que me hicieron sobre mi vida con Lupus y lo que hago en este blog. Lo más obvio es que las visitas se dispararon. También he recibido muchas solicitudes de amistad, más followers en Twitter (eso venía desde Viralizando), pero lo más importante han sido los comentarios, tuiteos y mensajes que me han escrito. Sé que es muy nerd y típico decir esto: los he leído todos y los iré contestando apenas pueda.

Si leen por acá saben que trato de contestar pronto, pero ahora hubo una especie de alud de palabras y me he visto algo sobrepasada. También asombrada, feliz y emocionada. Muchas personas se contactaron porque hasta antes de leer de la entrevista no habían sabido de otras personas con Lupus aparte de ellos mismos. Todos alguna vez nos hemos sentido solos con nuestra enfermedad, hasta que conocemos a alguien más. Me ilusiona poder acompañarlos y también poder decirles que somos miles y que, por ejemplo, nos acompañamos en el Facebook de la Agrupación Lupus Chile. Aprovecho de invitarlos a todos, porque es uno de los mejores lugares en que podrían estar (también para amigos, parejas y familiares).

Y con todo ese reconocimiento, aún tuve más. El sábado tuvimos reunión en la Agrupación Lupus Chile, donde participó la senadora Soledad Alvear, que nos apoyará en nuestra lucha para conseguir que el LES entre al AUGE, empezando por las actividades del 10 de mayo. Después se empezaron a repasar las actividades de los últimos meses y se habló de la entrevista y de mi participación en Viralizando. Sinceramente, yo me doy por pagada con pertenecer a la Agrupación, haber conocido tantas personas bacanes y encontrarme con mis pares. Sin embargo, ese día se pasaron conmigo y me hicieron un reconocimiento muy lindo, con palabras muy lindas de Laly y Gonza, y me regalaron un hermoso ramo de flores. Me emocioné y me sentí feliz. El sábado fue como el peak de mi felicidad (además de una novedad muy bonita para mi corazoncito de enano que ocurrió ese mismo día :) ).

Entonces llego a un punto en que pienso, ¿qué he hecho para merecer tantas cosas buenas? Y me encuentro de frente con la tremenda paradoja: haberme enfermado. Recuerdo esa primera noche de confusión y de horror en el hospital, donde todo era dolor, todo era dolor y ustedes sabrán a qué me refiero. Cuando no solo se desgarra el cuerpo, sino también el corazón. Y ahora me encuentro aquí, con el mismo corazón que se remendó con pura voluntad y magia y que ahora está aquí más fuerte. Sin dolor, con mucha emoción. Emoción por simplemente vivir y poder sentir tantas cosas.

Siempre he pensado que el motor de la sanación es uno mismo. De nada vale el amor de los otros si no nos amamos nosotros. Y que no se trata de luchar contra el Lupus, se trata de tomarlo de la mano y levantarnos con él. Yo no sé bien dónde está el mío ahora, seguro que descansando de mí así como yo de él, pero lo llevo siempre junto a mi corazón, porque es parte de mí y porque me ha convertido en lo que soy ahora.

Da la coincidencia de que hace unas semanas me compré un Kindle (un lector de libros electrónicos) y que una gran amiga (Caro Pino, holi) me pasó un libro llamado “Sana tu cuerpo”. Trae diferentes enfermedades, junto con su origen “psíquico”, por decirlo de alguna forma y da algunas señas de cómo cambiar ese patrón de pensamiento que nos llevó a enfermar.

Yo sé que esto es medio sensible para muchos de nosotros. No se trata de que nos digan que estamos locos o que no nos mejoramos porque no queremos… solo quiero decir que en mi caso personal cambiar pensamientos, sentimientos, actitudes y comportamientos han sido parte importante de mi recuperación. No soy la misma persona, el Lupus me cambió, y para bien. Todo el sufrimiento que he pasado no ha sido en vano y la enfermedad fue cediendo a medida que fui trabajando en mi interior. Siempre atenta a mi tratamiento, pero siempre más atenta a mí misma.

Cuando este blog empezó, hace casi un año, escribí sobre otro libro que comenzó a abrirme paso hacia mi estado actual: “La enfermedad como camino”. Hoy me parece que ambos hablan de lo mismo y que mi camino ha sido justo el que necesitaba y que seguiré andando como he hecho hasta ahora y ojalá con más entusiasmo cada día. No quiero escribir aquí lo que el libro que me pasó mi amiga decía que significaba el Lupus, pero sí lo que podríamos trabajar, porque es un mensaje lindo y que para mí sintetiza mis logros en este súper camino que es el Lupus:

“Me hago valer libre y fácilmente. Me amo y me apruebo. Estoy libre y a salvo”.

Sin querer son cosas que ya había pensado. Y les aseguro que no son cosas que pensaba cuando enfermé. Mi impresión de mí no es la misma que en enero de 2010. Puedo decir sin vergüenza que me amo y me apruebo, con todo lo que soy, valiente y alegre. Y que ya no me siento presa de mi cuerpo. Ahora siento que ambos somos uno, y que ese uno, es libre. Puro amor. Y como del amor de ustedes estoy tan agradecida y feliz, les mando mucho del mío. Y que este jueves pasemos un lindo día, de todo corazón :)

12 marzo, 2012

El espejo

Antes y ahora

Septiembre 2011 y Febrero 2012

Este post lo quería escribir hace unas semanas pero estaba terminando un verano de clases de portugués y de hartas salidas. El último artículo se trató del Síndrome de Cushing y contaba sobre mi campaña “¡Chao Cushing!” para 2012. En enero de este año me propuse en marzo ser “la michita que me merezco” y todo se trataba de poder mirarme al espejo de nuevo y sentirme bien con mi reflejo. Lo logré y me siento satisfecha por haber cumplido mi meta, sin embargo, quiero hablarles de todo el proceso que vivimos con el espejo cuando nuestro cuerpo cambia producto de la enfermedad.

En septiembre del año pasado iniciamos junto a otras pacientes de Santiago un Taller de Psicología gracias a las gestiones de la Agrupación Lupus Chile. Malos tiempos para mí o al menos para mi autoestima. Entonces andaba bastante baja de energía, de ganas y de motivaciones. Mi salud mejoraba, pero yo no me sentía lista para acarrear con dignidad y fuerza el cuerpo nuevo que estaba llegando. Y al verme al espejo, yo no era yo.

Desde que me enfermé me enfrenté al dilema de verme al espejo y preguntarme: “¿Cuál soy yo? ¿La de ahora o la de antes?” Fue largo el tiempo, fueron meses, más de un año tal vez, en que me seguía viendo y no me lograba reconocer ni siquiera en mi mirada. Primero, desnutrida, extremadamente flaca. Después, hinchada, con papada, con una panza insolente y la cara redonde. Entonces me parecía que la que yo había sido durante 23 años ya no existía. Y a la vez, la del espejo, tampoco era yo.

Alguna vez conversamos sobre eso en el taller y comentamos que si antes uno se miraba al espejo para arreglarse, ahora uno se miraba para ver qué tan rara había amanecido, si teníamos alguna mancha, si estábamos más hinchadas, con más o menos acné, vello, etc. El espejo entonces se volvía un delator, alguien que no te quería porque no pretendía cuidarte de la realidad. Tal vez muchas de nosotras dejamos de vernos al espejo. En mi caso, amaba las fotos y después pasé a odiarlas, a no querer ver mi cara hinchada, mi rostro cansado. No estoy exagerando si les cuento que recién este verano volví a tomarme fotos con más gusto que horror. Dos años pasaron.

Hace unas tres semanas me pesé y sentí emoción. Ya casi había bajado todo el líquido que el Cushing trajo a mi cuerpo. Me empecé a vestir, me miré al espejo en ropa interior y después de mucho no me lancé una crítica, sino una sonrisa. Este cuerpo me parecía lindo otra vez. Porque una cosa es lo que te pueda decir el resto: “Antes eras muy flaca así que así estás bien”, por ejemplo, pero lo que queda finalmente es la impresión que una tiene de sí misma. Y la mía era que me había convertido en una versión desmejorada de mí, una versión que no me representaba.

Hasta esa mañana en que me miré al espejo (justo cuando estuve lista mi tía compró un espejo de cuerpo entero, que antes los evitaba) y vi que mi cuerpo ya no solo tenía las marcas de mi lucha, sino también las de mi triunfo. Me sonreí, me emocioné, me felicité. No por vanidad, no por vanidad, creo que lo entenderán, sino por la fuerza que le he puesto para llegar a este punto (y no me refiero a dietas, que no he hecho, ni nada de eso). Sentí que sí, que tenía la apariencia que merecía, que estaba acorde con mi actitud, con lo que siento, con lo que he hecho todo este tiempo para estar bien.

Y entonces, mirando mi dedín, el kilo de líquido que aún creo que falta bajar, las estrías del Cushing, mi pelo ondulado post caída… todo eso adornando el cuerpo que ahora me enorgullece pensé: “Esta sí soy yo”, hecha de lo que he vivido y no solo de lo que he sufrido, ¿y saben qué? Me encontré mucho mejor :)

15 febrero, 2012

Flannery O’Connor y la oportunidad de tener Lupus

Flannery O'Connor

Flannery O'Connor, una mujer digna sobre sus bastones, como ud. o como yo.

Flannery O’Connor fue una escritora estadounidense, que murió por causa del Lupus a los 39 años de edad. La literatura gringa nunca ha sido mi favorita, pero cuando supe que ella existía, me fui a buscarla y me atrapó.

Fue diagnosticada con LES en 1952, a los 27 años, después de que un primer médico le dijera que tenía Artritis Reumatoide (a quién no le ha pasado, ah). Leí un ensayo que decía que cuando supo esto, solo le quedó pensar que la enfermedad que tenía iba a matarla en algún momento. Y a partir de ese diagnóstico ella vio su mal como una oportunidad, una oportunidad para escribir y escribir mejor, poder ver con otros ojos.

Leía todo esto, veía sus fotografías con bastones mientras vivía en el campo de su madre, donde tuvo que retirarse ya que no podía seguir viviendo sola, y se me apretaba el pecho. Ayer mismo conversaba con un amigo sobre la escritura, sobre un profesor que cuando era chica me decía que cuando uno más triste estababa podía escribir las mejores cosas, pero le comentaba a mi amigo que a veces es como si te secaras. Y recordé las veces que he dicho que esta enfermedad me arrancó un pedazo del corazón para nunca más devolvérmelo, pero que me ha hecho florecer como nunca el trozo que me quedó dentro del pecho. Yo no me lancé a escribir sobre la enfermedad justo después del diagnóstico, sino un buen rato después, pero ha sido un aporte enorme a mi vida y a mi escritura, no lo puedo desconocer.

Entonces pensaba en la multiplicidad de miradas que obtenemos con la enfermedad. Está lo que pensamos, lo que sentimos con el corazón, lo que sentimos con el cuerpo, lo que decimos y lo que hacemos. Y formamos una imagen de lo que somos, de lo que somos desde que el Lupus nos ha herido y nos ha transformado. Nos cambia la vida y depende de nosotros lo que haremos con este cambio, tenemos que tener la fuerza interior incluso cuando no la tenemos en el cuerpo, para que este cambio valga la pena (y los dolores).

Una amiga de Flannery O’Connor decía que incluso sus mejores amigos “fallaban en reconocer la intensidad de su enfermedad mientras esta mujer valiente, positiva y muchas veces cómica luchaba contra su agobiante y asesina dolencia”. Varias veces me han dicho que cómo ando tan sonriente y haciendo ciertas bromas considerando lo que debo pasar, pero es una forma de ir manejando el día a día de ser enfermo crónico, te sientas mal o bien.

Ella incluso una vez dijo bien choriza en una entrevista que el Lupus no había afectado su literatura, porque escribía con su cabeza y no con sus pies (tenía dificultades para desplazarse, como pasa con muchos de nosotros), sin embargo, en momentos de mayor sinceridad dijo que sí había ampliado su forma de escribir… que le había dado más perspectivas y que incluso, cuando no puedes moverte no te queda más que escribir las historias que no puedes vivir. Y entonces ella veía el Lupus como una oportunidad.

Ella lo pasó mal y se fue por causa de la enfermedad. Pensaba en mi propia oportunidad y en las ocasiones en que ella incluso sintiéndose mejor no tuvo las energías suficientes como para escribir más de un par de horas al día (y en las horas en que yo teniendo la energía, simplemente no escribo). Tomaba corticoides y le realizaban transfusiones de sangre para su nefropatía, que fue lo que la mató finalmente. Y con todo, escribió y con o sin intención, llevó su Lupus a su literatura, con una mirada de única, que solo se puede tener cuando tu vida se trata de estar ahí, entre la vida y la muerte.

Todos vamos allá, es cierto, pero no a todos se lo dicen tan claro como a nosotros. Más de uno habrá tenido algún médico desubicado que te diga que te queda poco tiempo al momento de darte el diagnóstico. Yo no lo pensé en ese momento, pero lo he sentido, más de una vez. No quiero desanimarlos con esto, porque no es la idea, no es mi idea tampoco desanimarme, pero es ver, de nuevo, desde otro lado, la oportunidad en la enfermedad que nos tocó.

En mi caso, existe este blog, esta voluntad de escribir, de componer, de cantar… antes estaba pero era demasiado diferente. Y si bien ahora no siento ni de cerca el olorcito de la muerte, que sí lo sentí en algún momento, queda el rastro que me hace sentir que a cada decisión me juego la vida y cuando escribo acá o en cualquier parte estoy ahí, en el borde. Y no quiero perdérmelo, no quiero volver a sentir que desaproveché mi tiempo aquí. Así es como se me logra ver sonriente y lo sabemos, hay días en que cuesta mucho, pero hay que sobreponerse, por uno mismo y por el mundo que se nos ofrece.

Este quizás ha sido un post más enredado que la mayoría, pero necesitaba escribir y compartir con ustedes lo que sentí, que es que intentemos ver qué es lo positivo que podemos sacar de esta enfermedad. El don que a mí me dio fue el de disfrutar la vida, agrandar mi despedazado corazón para sacarle provecho y escribir, usar lo que sabía hacer en mi otra vida, para regalarlo y también regalármelo a mí.

¿Y a ti, qué te ha entregado el Lupus? ¿Sientes que te abrió nuevas perspectivas sobre la vida?

20 enero, 2012

Dos años de Lupus, dos años de vida

Lupus del Mal

Tratando de ponerle color, pero no saben cuánto me costó poner la mano así.

Por sinceridad, creo que vale que les diga que no tenía idea cómo escribir, más bien, cómo empezar a escribir esto. Llevo varias noches (y sus respectivos días) pensándolo. Obviamente han sido días de recuerdos y de volver a contarme una historia que no olvido ni quiero olvidar y que de una otra forma repaso para saber, para tener presente qué fue lo que me trajo aquí. Ya sabemos lo que fue: el Lupus, mi Lupus.

No tenía idea de cómo llegar a este día en que se cumplen dos años desde que me enfermé. Venía caminando a la casa (tengo la fortuna de poder caminar todos los días poco más de una hora para ir y regresar del trabajo, disfrutando cada uno de mis pasos) y me crucé con una ex compañera de la universidad. Nos miramos y nos costó un poco reconocernos… ella a mí porque el LES me cambió y yo a ella porque está embarazada. Fue un encuentro bonito, me preguntó por mi salud, le pregunté por su guagüita.

Durante la universidad no habíamos hablado mucho y bueno, mis ex compis de allá que leen por acá saben que entonces en general no hablaba con muchos, quizás la mayoría de ellos me ha conocido mucho más a través del blog que en los cinco años que pasamos juntos. Entonces fue rico conversar con ella, saber que estaba bien, que en un mes nace su bebé, que siempre hay que hacer arreglos en la vida cuando cambia tan de pronto y estuvimos de acuerdo en que cosas como la plata siempre se arreglan, de alguna forma… que lo importante es estar bien.

Nos despedimos y no tuve pudor de decir que me dio alegría verla… antes no lo habría hecho. Seguí caminando mucho más contenta, en uno de esos momentos en que la vida me entra y me sale por todos lados y me emociono. ¿En qué estaba hace dos años? Recuerdo calor, mucho calor en Santiago, fiebre y el resto es solo una cosa: dolor. Dolor que podría escribirlo con mayúsculas porque era inmenso e intenso, pero no creo que sea necesario. Si tienes Lupus sabes a qué me refiero. Si no tienes Lupus, no importa, puedes acordarte del dolor más grande que hayas tenido y piensa que yo estaba pasando por mi dolor más grande.

¿Qué me dolía? Todo. Todo mi cuerpo y todo mi corazón. Todo era un gran llanto, una oscuridad sin fondo, un dolor abismante. Yo era desesperanza y era eso porque tenía miedo, todo el miedo del mundo. Estoy usando puras palabras malas: dolor, oscuridad, desesperanza, miedo. Con ese apoyo que mi espíritu le daba a mi cuerpo iba a morirme, seguramente… y sentía, con cada día que pasaba, que así sería, porque estaba metida en un cuento de horror (y yo nunca he escrito cuentos de horror, no estaba en mi radar).

Si ya han leído la historia de mi dedo, de mi Príncipe, ya saben como fueron las cosas. Básicamente en esos días yo tenía TODO malo y el diagnóstico de Lupus fue mi primer incentivo hacia la vida. Cuando me dijeron Lupus lloré, lloré de emoción, de esperanza. Pensé: “Es como las pelotas pero no significa que me moriré, significa que voy a vivir, con el Lupus, pero voy a estar viva”. Ya he contado como fue la lucha, esas noches eternas (y sus respectivos días eternos) en el hospital. Entonces me vi, me encontré, me conocí, porque en la cama de hospital solo estas tú, aunque todos estén contigo y te den todo su corazón, el de la cama eres tú, y no tuve más alternativa que verme.

Aún guardo varias de las cosas que vi en mí y son las que me hacen seguir, disfrutar cada uno de mis pasos, de mis pasos por la vereda y de mis pasos de baile. Cada vez que puedo escribir, que puedo escribirles o escribirme, es un milagro. Llegué a pensar: “No más música, no más escritura”. No. Apenas pude, incluso estando hospitalizada, lo hice.

Todavía siento tristeza, todavía siento que fue un golpe muy duro y que a pesar de la fuerza que he puesto, aún me falta valentía, porque sigo temiendo. El temor: que mis pasos por la vereda y mis pasos de baile de pronto se desmoronen otra vez. Por otro lado, guardo esa sensación hermosa y que me alegro si la han podido experimentar, de volver a caminar, de ponerse de pie y dar un paso y otro y otro. No sé a qué podría compararla. Es como recibir un regalo pero que a la vez te lo ganas. Y eso me da felicidad.

A veces pienso que no quiero perder el miedo, porque me deja la conciencia de que el Lupus es parte de mí, sin embargo, necesito decirles que en ese mismo tiempo, de enfermedad y de dolor, el miedo comenzó a ser un rastro y un empujoncito. “No quiero estar así, no me quiero morir”, decía entonces”. Ahora es: “No quiero volver a estar así, no me quiero morir”. Entonces adivinen lo que hago: vivo.

Amo tantas cosas. Estos dos años he aprendido de amor con tantos colores diferentes. Amo la vida, la amo toda y que me traiga lo que guste. No le pido nada al Viejo Pascuero ni tampoco a la vida, excepto que venga, que se quede conmigo y que entretanto me dé y quite cosas. En este tiempo de Lupus y de amor he tenido malos amores y buenos amores. Los malos no pasaron agosto, los buenos que estén cuanto tenga que ser. Yo ofrezco mi corazón y recibiré encantada cualquier pedacito que quieran ofrecerme de vuelta. Hablo del amor de mi familia, de mis amigos, de hombres, de animalitos, de los árboles, del viento y del mar. Todos esos amores que son valientes porque están conmigo y me regalan valor, me regalan energía, me regalan ganas de vivir. Y yo a ellos, porque aunque me derrumbe a veces y sufra por lo que me tocó vivir, tengo caletón de ganas de vivir, porque en este mundo hay tantas cosas que puede que llegue a conocer o no, pero están y no quisiera por huraña perderme la oportunidad…

Lupus del Bien

Cómo nos cambia la vida ah... :D

Amo tener este lugar para decirles que han sido dos años grandes, gordos, llenos de cosas, que mi vida cobró más sentido en este par de añitos que en los 23 que los precedieron. No quiero enumerar, no quiero decir: “tú fuiste importante, tú fuiste penca”, nah. El otro día, el domingo pasado, me bañé en el mar. Sentí el sol, sentí el agua salada resbalarse en mi piel, dejé que me botara una ola. ¿Qué más podía necesitar? Recordé unos versos de alguien que es melancólico como yo, (por decirlo de una forma suave ya que es el sr. Charles Baudelaire), pero los hice resonar más alegres en mi cabeza:

“Mas hoy, yo no te puedo amar
y nada, ni el boudoir, ni el fuego, ni el amor
valen hoy para mí lo que el sol sobre el mar”.

Eso era. Yo y el sol sobre el mar. Ni el gasto en medicamentos, ni la operación de Cataratas, ni lo que queda del Cushing, ni el miedo al dolor. Yo y el sol sobre el mar. (Y “yo” en primer lugar porque así lo decidí y no está mal escrito). Como cuando se dice: “Esto es vida”. Sí. Esto, esto, esto, esto, es vida. Y la amo, creo que cada noche (con su respectivo día) la amo más.

Y como es mi lupuscumpleaños me quise hacer regalos. Lo primero, mi salud. Segundo, tomar mi salud y regalarme una canción. Ni tuve que pensarlo tanto: escogí “Caminando” de Rubén Blades. Me acuerdo que la escuché harto en la Patagonia, durante el viaje en que me encontré con el Lupus. Sin saber que luego caminar para mí tendría mucho más valor. Así que la escogí porque me encanta Rubén Blades, me encanta caminar y me encanta la salsa, pues gracias al Lupus me volví bailarina de salsa y espero no volver a estar en crisis porque entonces también lloraré por no poder bailar (además de no poder hacer música ni escribir).

Ahora solo quiero que escuchen, canten, hagan palmitas y/o bailen, según puedan o según quieran, pero disfruten. A mí me queda poquito más que decir y en realidad solo parafrasear a don Rubén: que caminando se aprende en la vida, se sabe lo que es, que el que no vive no prueba el sabor que da el amor. Y lo último, siempre, siempre, siempre ¡pa ‘elante y con fe!

14 diciembre, 2011

Lo que veo con mis ojos (y lo que no)

Yo en Pocitos

Me podré quedar ciega, pero estoy terrible de ricarda, aaajajajaja.

“El velo semitransparente
del desasosiego
un día se vino a instalar
entre el mundo y mis ojos”.

Jorge Drexler

A ver chicos, yo siempre vengo acá con el mejor de mis ánimos y hoy no es la excepción, pero no les traigo buenas noticias. Ya con el asunto masticado y algo digerido, les quiero contar que la semana pasada me diagnosticaron Cataratas. Sí, tengo solo 25 años y mis ojos se empañan… primero no entendí y el médico al que fui, por algo rutinario (quería anteojos nuevos para mi escaso astigmatismo), no fue muy suave para decírmelo.

Decidí buscar otra opinión, porque no me convenció en la forma que me lo dijo. Y me lo confirmaron. Entonces he tenido que estar asumiéndolo. Si se están preocupando, les cuento de inmediato que no fue el Lupus… peor, fueron los corticoides. Inicié mi tratamiento hace casi 2 años y ahora tengo las consecuencias. Es triste, pero me ha ayudado para ver (de nuevo dije “ver”) otras cosas. Por ejemplo, para mirarme al espejo y darme cuenta de que no estoy ni gorda ni fea, que lo que yo consideraba terribles efectos secundarios no eran tales. De hecho, creo que con la baja que he ido teniendo en mis dosis de corticoides el Cushing va en retirada y con él mis mejillas y panza infladas.

El viernes pasado iba a salir en la noche y antes me miré al espejo. Me dije a mí misma: “Casi después de 2 años puedo decir que estoy como quiero”. Me dio risa lo que dije, pero sí, es cierto. Me vi y encontré que me parecía cada vez más a mí antes de enfermar, pero mejor, me encontré mejor. No sé si más linda o más mina, qué importa, me gustó verme así, arreglada, bonita. Logrando cosas, en mi caso, lograr mi buena salud, sentirme bien. A pesar de todo, a pesar de que solo alcancé a tener un par de semanas de tregua desde que supe que mis exámenes de anticuerpos estaban bien.

Y entonces ya tenía la noticia de las cataratas. Lo bueno es que me diagnosticaron a tiempo. Lo malo es que no me lo esperaba porque no me habían dicho que tenía que controlar eso… fui porque siempre voy al oftalmólogo. Lo bueno es que veo bien (certificado por la doctorciña), solo algunas molestias al sol, pero ahora estoy aquí escribiéndoles y leyendo lo que les escribo sin problema alguno. Como siempre.

Lo bueno es que es reversible y operable. Lo bueno también es que las Cataratas sí están en el AUGE así que me saldrá todo gratis y que ya tengo fecha para mi próximo control, que será el previo a la operación: en marzo debo volver al hospital para que me evalúen y ver si todo está ok. Primero me operarán el ojo izquierdo y de ahí el derecho, que son el más y el menos afectado, respectivamente. No les digo que no me asusta la idea, pero aún quedan varios meses y no quiero darme vueltas pensando en eso todavía.

Voy a ser sincera y les contaré que me pasé unas cuantas horas llorando porque una vez más no lo encontré justo, porque llevaba tan poquito tiempo sintiéndome normal y ya me tocó otra cosa nueva. Pero después pensé que algo así no me va a tirar al suelo. Cuando estábamos en el hospital le dije a mi tía que estaba casi llorando: “Tú sabes que vamos a salir de esto, como hemos salido de todo… y hemos salido de cosas mucho peores”. Lo que me da más fuerzas es saber que puedo decir eso con propiedad, que es cierto que he luchado y ganado y que esta batalla no es más complicada que otras. Por supuesto, me frustra tener que estar sacando fuerzas todo el tiempo, pero mi historia me dice que puedo y que aquí las posibilidades no son tan inciertas como las posibilidades de ganarle al Lupus.

Entonces, una vez más, respiro profundo y sigo adelante. Quedan unos meses para la operación y de ahí chao Cataratas. Ya me estoy poniendo de pie otra vez. Porque sé que puedo, porque si ya llegué hasta acá y hoy tengo mi vida en mis manos, esto no está ni cerca de poder ganarme. Confíen, porque de que se puede, se puede. Yo confío y aunque lloro, aunque sufro y me rebelo, veo hacia atrás (sí, “veo” otra vez) y estoy orgullosa de todo el camino que he recorrido. Sé que con todo lo que he pasado, tengo la fuerza para seguir caminando.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 111 seguidores